Muchos de nosotros pasamos cada día de 8 a 10 horas en el trabajo, compartiendo un espacio reducido con compañeros laborales, jefes, clientes, consultores… Esto quiere decir que una gran parte de nuestra vida la invertimos conviviendo no con nuestras familias y las personas que más amamos, sino con aquellos a quienes debemos exigirles y rendirles resultados; con personas con las que debemos trabajar en equipo y alcanzar metas que retan nuestras capacidades y exigen lo mejor de nuestras aptitudes profesionales. Incluso para los afortunados que encuentran en la oficina buenos amigos y un ambiente tranquilo y enriquecedor, hay días o épocas, en que el entorno laboral se torna tenso y la comunicación con compañeros es un tema complejo.

“No“ es una respuesta saludable

Poner límites es la manera más efectiva de mantener tu espacio personal a salvo y en el ámbito laboral sí que es una necesidad. Si tienes uno de esos compañeros (¡o jefes!) que anda pidiéndote favores que no te permiten enfocarte en llevar a cabo las labores que te corresponden, comienza a decir ”no“. Sabemos que no es fácil hacerlo, por eso te damos algunos consejos para lograrlo.

Si se trata de tu jefe, siéntate con él y haz una lista de “pendientes” que debes enfrentar, incluye en ella todos los favores extra que tu jefe te está pidiendo. Con papel en mano te será fácil mostrarle que es humanamente imposible cumplir con todo lo que aparece en la lista, y que por atender los asuntos adicionales que te asigna no estás concentrándote en tu trabajo. Pídele que priorice las cosas que debes hacer y, junto a él, pon plazos precisos y realistas para que éstos sean llevados a cabo. Así, lograrás evidenciar ante él el exceso de tareas que has tenido que enfrentar, y entre los dos elegirán cuáles son las prioridades que debes asumir y qué cosas puedes dejar de lado para trabajar mejor.

Si se trata de un compañero, comienza a mostrarte más firme y ocupado que de costumbre. Incluso si no estás sobrecargado de tareas, no es sano que asumas el trabajo de otros. Cuando se acerque a ti para suplicarte que le salves la vida, hazle saber que no te queda tiempo. Dile firme, pero amable, que eso no te corresponde a ti, y ayúdalo remitiéndolo al departamento o persona indicada para llevar a cabo ese trabajo. Si esa persona es él mismo, y te está pidiendo que le ayudes con su trabajo, sugiérele que hable con su jefe, que le explique por qué no tiene tiempo para cumplir con sus tareas.

Comunícate de manera estratégica

Si hay alguien con quien definitivamente no te entiendes y has tenido choques en el pasado, pero debes seguir trabajando de su mano, sé estratégico. No busques que esa persona sea tu mejor amiga para que su relación funcione y el trabajo se lleve a cabo satisfactoriamente; es un compañero de trabajo y lo que debes lograr junto a él es alcanzar metas concretas, no llegar a su corazón ni cambiar tu vida a su lado. Establece un contacto estratégico siempre en función de los objetivos que ambos deben cumplir y sé muy claro con las acciones que desarrollarán juntos. No pienses que debes entenderte a la perfección con él, con que logres comunicarte para trabajar y conseguir de él lo que necesitas, es suficiente. No profundices en tus conversaciones con él, ni toques temas álgidos que den pie para discusiones. Sé estratégico, cordial y superficial en tu contacto.

La palabra escrita no se borra

Deja todo por escrito y evítate problemas. Si el asunto es la mala comunicación y al cabo de unos días todo el mundo olvida los pactos hechos en reuniones, deja las cosas claras por escrito. No cuesta mucho redactar un acta de una página al final de las reuniones en donde cada cual reconoce y establece claramente sus compromisos y las fechas en que serán cumplidos. Sugiere esto como una herramienta para agilizar el trabajo y establecer objetivos claros. Seguro que a tu jefe le gustará la idea, y tú tendrás un documento de soporte para exigir avances y salvarte de asumir responsabilidades con las que no te comprometiste.

A palabras necias, oídos sordos

Si definitivamente hay alguien dedicado a hacerte la vida imposible, ignóralo. No entres en luchas que drenan tu energía y crean círculos viciosos de convivencia. Ve a trabajar, no a hacer amigos ni a charlas. Enfócate en tus labores y relaciónate con quien esté dispuesto a ser amable y colaborador. Cuando te dejas tentar por malos comentarios o indirectas y entras en el juego de las habladurías, estás proyectando una imagen de inmadurez y poca asertividad, además de amargar tus días. Recuerda lo que tu madre te dijo mil veces: a palabras necias, oídos sordos.

Comienza a seguir estos consejos y haz de la asertividad, la claridad y la estrategia tus mejores aliados en la convivencia laboral. Convierte estas prácticas en hábitos y verás cómo tu día a día se suaviza; recupera tu espacio personal, ignora la mala energía, deja por escrito los compromisos adquiridos y comunícate con los demás teniendo siempre presentes los objetivos laborales que deben cumplir de la mano.